Cd. Juárez, Chihuahua. México .

Octubre 08 de 2017    

 
 
 
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Los Malosos...


Ni la desgracia une al sistema político
Desecha oportunidad de restablecer vínculo entre ciudadanía y gobernanza; brillo de luz que despeje la adversidad solamente se puede generar con una reforzada y muy bien constituida unión

Lorenzo Córdova Vianello. Acierto

Si somos vulnerables, damnificados y hasta víctimas, en una sacudida de la tierra por embates de la naturaleza; ante nuestro sistema político que se convulsiona, se divide, se reagrupa, pero que se niega a reconstruirse, debemos postularnos como los rectores y dueños de la democracia, capitalizando ese movimiento de reclamo social que los zarandea y lo ha puesto en vilo de su continuidad como régimen de conducción política.

Una democracia que le pertenece a los ciudadanos, pero que le ha sido arrebatada por los partidos e intermediarios políticos, que, como sus representantes potenciales, escatiman, enmarañan y hasta niegan las prerrogativas y subsidios públicos que se les otorga para el desempeño de sus funciones, ante un requerimiento impostergable como consecuencia de los daños producidos por los movimientos telúricos que han golpeado con severidad a varios sectores del país.

Recursos públicos en demasía, para una función civil que se inunda de privilegios, prebendas, a la par de un salario más que generoso, que se convierte en una afrenta ante la situación actual que padece la nación.

Recursos públicos de los que se reclama su reorientación, devolución y hasta su cancelación, para el que se busca un destino más fructífero en tiempos de atención de emergencias.

Requerimiento inusual, pero que se ha hecho presente por efecto de diferentes causales, a la que se le debe responder sustancial y generosamente en beneficio de una población que se ve agobiada, afectada, que está enterrando a sus muertos, y enfrenta su pobreza cotidiana, en espera de la ayuda gubernamental que debe sumar de todos los sectores.

Recursos públicos que han quedado al descubierto que no se hacen acreedores por su desempeño, eficiencia y resultados, haciéndolos partícipes de omisiones, falta de compromiso, transparencia y hasta corrupción; preocupados más por blindar su investidura y las agrupaciones que representan.

Recursos públicos que no son producto de un trabajo desempeñado, pero que se les asigna para la noble función de construir la democracia de un país que ha vivido enfrascado en las desigualdades, a la que le han fallado con su pluralidad paralizante.

Recursos públicos que manejan como peculio propio, para una contienda desenfrenada por mantener, asociarse o acceder al poder, identificándose más en la búsqueda personal de los beneficios que esto implica, que un compromiso ideológico o social, porque el proyecto de país, aunque exista, no se ha reflejado en la mayoría de los mexicanos.

Dineros en disputa de los contribuyentes que son los que aportan para el desarrollo del país, y, que hoy, demandan un destino tangible de esos recursos, solicitando su orientación al infortunio que se padece.

Petición que se ha convertido en una demanda social, transformándose ya no en una solicitud de ayuda, sino en una exigencia innegociable, como sanción y reparación para una actividad que no ha cumplido con los fines con las que fue concebida.

‘EL TELETÓN ELECTORAL’

En la rebatinga de las aportaciones de los partidos políticos, a la que el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova Vianello, bautizó como “El Teletón Electoral”, donde prevalecen el oportunismo político, las limitantes por sus deudas acumuladas, las estrategias para mantener su campaña electoral o el compromiso adquirido con una burocracia partidista, las agrupaciones políticas en su gran mayoría, no definen su real aportación, ni se vislumbra el compromiso social y humanitario que se esperaba de estas representaciones.

Los principales partidos: Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y Morena, con sus ofertas de participación limitadas, no acaban por definir legal o fuera de normatividad las aportaciones que la sociedad les exige, ni se aprecia la construcción de propuestas para que los partidos subsistan y el reclamo civil se contenga.

Mezquindad presente, salvo en el PRI, Encuentro Social (PES) y Verde Ecologista de México (PVEM), que no sólo se han pronunciado de manera solidaria, sino que han ejecutado la cesión de sus prerrogativas que les resta del presente año, en señal de que participan y comprenden las serias dificultades por las que se transita, y que sus colores partidistas se suman a éste loable esfuerzo, aunque se les trate de satanizar como oportunistas políticos.

Por otra parte, aunque traten de escudar su supuesta indefinición en la desconfianza que les genera el gobierno en turno, y hasta promuevan esquemas de promoción de donación independientes con rasgos proselitistas, siguen estando cortos, y lejos de la participación republicana que debe prevalecer ante estas eventualidades, anteponiendo sus afanes electorales cuando afrontamos una reconstrucción de enorme dimensión.

CRISIS DE LA DEMOCRACIA

Sobre esta problemática que estará presente por mucho tiempo, se expresa el ex secretario de Gobernación en la administración de Felipe Calderón Hinojosa, Alejandro Poiré Romero: “Si, ante una tragedia como fue el temblor, la reacción de la ciudadanía es de una rabia tan potente para voltear y decir que lo primero que hay que hacer es quitar el dinero a los partidos, es porque estamos en los albores de una crisis de la democracia muy profunda, no solamente de legitimidad y las dificultades que estamos viviendo, sino de una rabia, un hartazgo, una insatisfacción profunda que se tiene que atender con una reforma profunda. Hay que entrarle”.

La pregunta que queda en el imaginario se encasilla en cómo participar, cuando el sistema político mexicano está enfrentando los más grandes retos coyunturales de épocas recientes, ante una democracia que sostiene a nueve partidos participantes, cuyos líderes operantes no recogen la confianza de una sociedad distante de sus políticos.

Representantes que no generan la esperanza de la eficiencia y el talento renovador para desatorar un país pasmado en la línea del desarrollo y subdesarrollo, por ese lastre que lo subyuga y aprisiona como es la corrupción.

Personajes encasillados en sus proyectos personales de poder que no pueden esconder sus debilidades, fobias y carencias, ante una distancia hasta ahora insalvable del compromiso y sensibilidad social que deben encausar para enganchar a una sociedad desilusionada, demandante y plural como es la mexicana porque como decía el sociólogo francés Gustave Le Bon, para gobernar no necesitamos voluntades débiles que se traduzcan en discursos, sino voluntades que se conviertan en actos. Y esa participación, solamente se puede generar en comunión de esfuerzos.

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